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Fascistas

06.06.2013

El asesinato de Clément Méric no es un hecho aislado. Los grupos fascistas y de extrema derecha llevan meses sacando pecho. Y el debate sobre la ley del matrimonio homosexual, aprobada hace unas semanas, ha sido el escenario perfecto para darse a conocer con palizas a homosexuales o ataques a bares y locales “de ambiente”.

Estos grupos viven a rebufo del Front National (ver cuadro), el partido neofascista de la familia Le Pen financiado desde sus orígenes por sectores aristócratas y empresariales. Marine Le Pen se está ganando a un electorado asustado por la crisis con un discurso que emula un programa de izquierdas (y que se pisa a veces con el discurso del Front de Gauche) mezclando el componente racista propio de estos partidos. Le Pen aparece en los medios de comunicación como una demócrata más, y tiene el mérito de haber conseguido lo que en su día no consiguió su padre: normalizar el Front National y colocarlo en la centralidad política. Si a su padre le cantaban “los jóvenes se cagan en el Front National”, hoy el Front National está a punto de ser la segunda fuerza política del país.

Anecdótico pero simbólico, hace unos días una candidata del Front de Gauche se pasaba al FN.

Es urgente la confluencia y la coordinación de luchas –que es la misma en diferentes formas y fases– en Europa y seria un gesto potente que, además de las concentraciones que se están organizando, nuestros representantes en los parlamentos hicieran constar nuestro apoyo a los compañeros franceses y nuestro rechazo al fascismo allí donde sea.

Al fin y al cabo, cuando aquí en Francia hablan de lucha antifascista evocan siempre una frase familiar : “No pasarán”.