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Nuestros violentos, sus puteros

01.03.2012

Barcelona se llenó ayer de 70.000 estudiantes, profesores y PAS en un clamor que no se veía desde las protestas contra la LOU. La gente salió a la calle porque los recortes en educación precarizan las condiciones, los contratos, los salarios, y nos empujan un paso atrás, más cerca de tiempos donde la educación se reservaba para las clases altas.

Lo sabemos siempre a priori. Ellos también. Toda manifestación que ponga en cuestión los parámetros establecidos por el poder político será condenada públicamente a través de los medios de desinformación. Da igual que sea para pedir escuelas, da igual que sea para pedir médicos, da igual que sea para pedir paz, trabajo o democracia. Ellos lo saben hacer bien y tienen práctica.

Y como en toda manifestación, en la de ayer hubo personas que siguieron sus propias consignas. Quemaron containers y rompieron vidrieras de sucursales bancarias. Muchos medios, como esperábamos, pusieron el acento en esa parte. Consideraron que eso era noticia, pero que no era noticia, por ejemplo, cómo una furgoneta de Mossos d’Esquadra casi atropella a unos estudiantes.

Ante el salvajismo de la huelga de estudiantes, cerca de allí, se celebra esta semana el Mobile World Congress. 60.000 personas, un número parecido al de los estudiantes en huelga, asisten civilizadamente al evento. ¿Civilizadamente? No todos. Una minoría descontrolada también sigue sus propias consignas. No rompen escaparates; se van de putas. Pero a diferencia de lo que ocurrió con la manifestación de estudiantes, los telediaros no abren la noticia mostrando como grupos de violentos machistas cogen un taxi para irse a los prostíbulos, aún cuando su número es claramente superior a la minoría de “estudiantes” violentos.

En la manifestación de estudiantes se han quemado unos siete containers y se han roto un par de vidros. Los prostíbulos, sin embargo, están saturados.

Ninguno de los dos grupos es representativo, y a ninguno de los dos grupos se les debería utilizar para desacreditar al conjunto. Pero los extremos se tocan, dicen. Y en ocasiones así es. Los actos del manifestante violento van en contra de los símbolos de un sistema injusto, precisamente el mismo sistema que permite que ese congresista del MWC se vaya de putas.

¿Quién es aquí el violento?