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Lugares de olvido en Barcelona (IV)

02.08.2011

La memoria oficial y la memoria mercantil significan, en realidad, una amnesia total, o mejor, la voluntad de camuflar aspectos inconvenientes o molestos del pasado real de la ciudad. Las políticas publicitarias sobre Barcelona llevan años proclamando la mediterraneidad de la ciudad mostrando como un éxito "la recuperación" de su litoral marítimo. Barcelona -se ha repetido- ha vivido demasiado tiempo "de espaldas" a su realidad mediterránea y era urgente "abrirla al mar". Curiosa afirmación, que supone olvidar que la ciudad había tenido barrios pescadores hasta hacía poco, empezando por la Barceloneta, pero incluyendo también esa trastienda ignorada que se extiende al otro lado de Montjuïc y que fue la Marina de Sants, con barrios marítimos como Mare de Deu de Port y -antes de convertirse en un barrio de barracas-  de  Can Tunis, después absorbidos, en los años sesenta, por la ampliación del puerto y el establecimiento de la Zona Franca.</p>

Supone igualmente -y eso acaso es más grave- olvidar que, durante décadas, miles de personas vivieron literalmente en la playa, en los grandes asentamientos de chabolas del Somorrostre, el Bogatell, el Camp de la Bota, la Mar Bella, el Pekín. Pero esta subciudad de chabolas no existió nunca o aquellos que en ella vivieron no hace tanto por lo visto no eran auténticos barceloneses. Por otra parte, esta debilidad a la hora de exaltar los valores marítimos no ha sido inconveniente para eliminar los entrañables chiringuitos de la Barceloneta. O para que la zona comercial del Hotel Arts, a la sombra de la gran escultura en forma de pez de Frank Gehry, devorara una buena parte del Passeig Marítim. O para que los hoteles y viviendas de alto standing y los hoteles de Diagonal Mar acabaran levantando entre la ciudad y la playa una muralla mucho peor que la que supusieron en otra época las abominadas vías del tren. Por no hablar de las catastróficas consecuencias de las obras del Fórum 2004 sobre el litoral barcelonés, de dudosa legalidad a la luz de la ley de costas y denunciadas en su momento por Greenpeace por sus efectos sobre el medio ambiente. ¿Son muestras de "recuperación del mar" agresiones directas contar el horizonte como el Imax Port Vell, el World Trade Center -ese apoteosis del quiero y no puedo que está saturado el "modelo Barcelona"-, que amputa la desembocadura visual de La Rambla, o el nuevo edificio de Catalana de Gas, que literalmente tapona la perspectiva desde el paseo de Sant Joan y el Arc de Triomf?

Se prohíbe que los vecinos tiendan la ropa en unos balcones que muchas de las nuevas edificaciones ya ni prevén. Se intenta como sea librarse o fingir los Encants de la Plaça de Glòries. La reforma del puerto ha sentenciado un rincón tan cargado de evocaciones como era la Escollera, su rompeolas, al tiempo que autorizaba una ampulosidad retórica de Bofill: el Hotel Vela. En el Turó Park, la zona verde diseñada en 1933 por Rubió i Tuduri, en noviembre de 2003 se talaron dos de sus tres tilos centenarios. El Carrer d'En Carbassa, una maravilla del siglo XVII, aparece amenazada por intervenciones arquitectónicas que plantean cambiar aspectos fundamentales de su volumetría. El inventario de las destrucciones o los abandonos patrimoniales es enorme, y lo conformarían todos aquellos que, en las antípodas de los lugares de memoria, haríamos bien en designar como auténticos lugares de olvido. (*)

Desaparece en nombre de la uniformización moral, política y estética de Barcelona todo aquello que estimuló la imaginación literaria de Orwell [Homenaje a Cataluña], de Pierre Mac Orlan, de Malraux, de Kessel, de Eduardo Mendoza [La ciudad de los prodigios], de Henry Miller, de Francis Carco, de Italo Calvino, de Carmen Laforet, de Jean Genêt, de André Pieyre de Mandiargues [La Marge], de Luis Goytisolo [Recuento], de Vassilis Alexakis... De Vázquez Montalbán [El Pianista y todo el ciclo de Pepe Carvalho], que había llorado sobre los escombros del Céntrico y que percibió este proceso con una lucidez especial: "[Barcelona] destruye su arqueología de la lucha de clases, dispersa sus barrios residenciales o los pinta de yuppi, derriba sus carnes marginales y las expulsa hacia la periferia, fumiga su mezquindad hasta convertirla en fantasmas risibles que vagan por laberintos destapados por bulldozers... Yo no sé quien hará en el futuro literatura de esta ciudad de yuppis, dividida entre pensadores de la nada y del poco y habitada por empleados transitorios y ricos fastfood". Comentando la inauguración de la nueva sede de Edicions 62, en el Carrer Peu de la Creu, justamente donde antes se levantaba el cine Céntrico, Vázquez Montalbán recordaba que aquello estaba "a pocas manzanas donde asesinaron al Noi del Sucre o de donde un panadero que dormía más que vivía en mi calle sorprendió a su mujer follando con un pulidor de metales".

(Manuel Delgado, “La ciudad mentirosa”)

(*) Cabe especificar que esta idea de lugar del olvido no es original. Se adopta aquí la de Jonathan Boyarin que la utiliza para referirse a la ocultación del barrio pobre de Lower East Side, a favor de la exaltación de Brooklyn, con el propósito de construir una memoria étnica urbana “pertinente” de los judíos de Nueva York (“Un lieu de l’oubli: el Lower East Side dels Juifs, Communications, 49)