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Mi carta de apostasía

07.11.2010

Aprovechando este día tan bochornoso del que no voy a comentar aquí nada por evidente y por no escribir una sarta de descalificaciones infinita a la secta católica, a la televisión pública catalana, y a los políticos que -dicen- me representan -excepto los de mi formación, los únicos coherentes que, llamándose de izquierdas, no han ido-  hago pública mi carta de apostasía, redactada y enviada en septiembre del año 2005 d.C. En mi caso utilicé una plantilla encontrada en la web de Pepe Rodríguez, autor del libro Mentiras Fundamentales de la Iglesia Catlólica. Amplié la plantilla porque quería exponer mis propios motivos. Una vez terminada la mandé por fax al número del arzobisbado de Barcelona, y poco después ya tenía mi plaza reservada en el infierno. Aunque algunos motivos no serán extrapolables a otras personas, y aunque la satisfacción de personalizar la apostasía es impagable, la carta es, como no podría ser de otra manera, copyleft. Si a alguien le ponen trabas en el proceso puede tramitarla a través de webs que organizan apostasías colectivas como www.apostasiaesalegria.tk.

Estimado Sr. Obispo,

Comparezco ante ustedes, con mayoría de edad y en pleno uso de mis facultades físicas y mentales, a fin de manifestar lo que es ni voluntad, libre y querida, en los aspectos que relaciono a continuación:

PRIMERO.-Que no habiendo podido hallar en el Código de Derecho Canónico vigente un procedimiento adecuado y específico para poder encauzar la tramitación de la petición que motiva el presente escrito, le es dirigido a usted, como Ordinario de la diócesis en la que vive quien en este acto comparece, a tenor de las siguientes consideraciones:
El canon 393 del Código de Derecho Canónico dispone que “El Obispo diocesano representa a la diócesis en todos los negocios jurídicos de la misma”.
El canon 383 #1 del citado Código de Derecho Canónico establece que “Al ejercer su función pastoral, el Obispo diocesano debe mostrarse solícito con todos los fieles que se le confían, cualquiera que sea su edad, condición, o nacionalidad, tanto si habitan en el territorio como si se encuentran en él temporalmente, manifestando su afán apostólico también aquellos que, por sus circunstancias, no pueden obtener suficientemente los frutos de la cura pastoral ordinaria, así como a quienes se hayan apartado de la práctica de la religión”.

SEGUNDO.-Que el hecho de haber recibido el Bautismo, voluntariamente, a la edad de trece años, fue fruto de una educación parcial, represiva, y autoritaria, en un colegio católico.

TERCERO.-Que la distribución de felicidad en el mundo no me parece propia de un dios justo. Tras mucho tiempo de reflexión no he encontrado en Dios una explicación racional a millones de niños muriéndose de hambre en dos terceras partes del mundo, y menos si esto es culpa del otro tercio que los explota, esclaviza, y perpetúa esta situación para beneficio propio. Creo en el Orden Universal, o en el Caos Absoluto, y por lo tanto no en un dios que fuera de estos patrones elige, para almas iguales,  caminos tan distintos en la tierra.

CUARTO.-Que no tengo fe. Como ser racional tengo el pleno convencimiento de la inexistencia de un dios que nos quiere, nos observa y, sobretodo, nos juzga. No encontrando una explicación racional al origen del Universo, no acepto la figura de un Creador, puesto que justifica una paradoja con otra de mayor calibre. Tampoco acepto la existencia de un creador de los preceptos morales y juez riguroso que vela por el mantenimiento de las prescripciones morales dejadas por él y se hace cargo de la recompensa  y del castigo en el más allá.  Así, mis creencias en este aspecto se acercarían, si las hubiere, a filosofías como el Budismo.

QUINTO.-Que no necesito que ninguna religión me dicte una moral a aceptar sin contemplaciones. Soy libre para tener mi propia moral, y aunque por no creer en una moral verdadera absoluta respete las que difieren de la mía, no puedo hacerlo con una en la que el concepto de "tolerancia" es harto difuso.

SEXTO.-Que ni comparto ni me siento representado por la posición de la Iglesia en aspectos como el derecho a la eutanasia, el uso del preservativo, y el derecho al aborto en determinadas circunstancias. Que no tolero la discriminación del colectivo homosexual, siendo tal condición contraria a la doctrina cristiana según la Iglesia Católica, que recientemente ha declarado que todo cristiano ha de oponerse al matrimonio entre homosexuales. Englóbese en esta discriminación tanto la apropiación de la palabra "matrimomio" como la del concepto de "familia", pues la etimología de las palabras ni determina ni ha determinado nunca su significado a lo largo de los siglos.

SÉPTIMO.- Que no comulgo con el modelo de financiación de la Iglesia, especialmente en el cobro de subvenciones u otras ayudas económicas por parte del Estado. Como "organización social" de interés para un gran número de personas merecería tales ayudas, pero los intentos de influenciar la opinión pública según la moral marcada por la Iglesia (que no siempre la moral Católica) hacen que cualquier ayuda por parte del Estado, por proceder de los impuestos de todos los ciudadanos, quede desmerecida, pues el ciudadano no paga impuestos para que se le intente imponer la  doctrina de la moral Católica.  Por ello,  su propia conciencia debería  hacerle  reflexionar  si  para tal  fin  no debería  limitarse a  cobrar tan solo a sus fieles.

OCTAVO.-Que considero que es deber de la Iglesia el mantenerse apartada de asuntos políticos en tanto estos no afecten inequívocamente a alguno de sus asuntos. No deja de sorprenderme el relativo mutismo respecto a la guerra de Irak, y por lo tanto respecto a la lucha contra la violencia y, por contra, la salida a la calle para impedir la ampliación de derechos de los homosexuales para poner trabas a una lucha por la igualdad. Creo que el deber de la Iglesia como institución religiosa se limita a poco más que enseñar su doctrina a quien esté dispuesto a escucharla. El apoyo a unas u otras ideologías políticas la ha hecho cómplice histórica de sangrías de las que ha tenido que pedir perdón.

NOVENO.- Que me parece vergonzoso que se utilicen ciertas iglesias de renombre, partes, u objetos pertenecientes a ellas, a modo de elementos de mercado para obtener beneficios económicos. Tómense a modo de ejemplo aquellas iglesias con zonas "de pago". Si Cristo expulsó a los mercaderes del templo, no comprendo por qué dos mil años más tarde la Iglesia lo contradice con hechos; hechos que condicionan a un pago previo la visita de un cristiano a lugares de la Casa de Dios.

DÉCIMO.-Y que, habiendo alcanzado la edad adulta y la madurez intelectual, por los citados motivos y por coherencia de principios, considero un lastre en mi ética el pertenecer a la Iglesia Católica.

En virtud de lo hasta aquí expresado y dejando constancia sobre la reflexión madura e independiente sobre la ya mencionada adscripción condicionada a la Iglesia Católica y a la fe que postula, quien suscribe debe anteponer su inalienable derecho a la libertad de conciencia y el derecho de elección y decisión sobre cualquier aspecto que le afecte, que también le asiste, para, mediante la presente declaración salida de su voluntad consciente y soberana, expresar su total y definitiva oposición a formar parte, ni siquiera como mero apunte estadístico, de la Iglesia Católica.

Quien comparece en este acto debe recordar, respetuosamente, que la Iglesia Católica, como entidad privada que es, no puede vulnerar jamás los derechos civiles y constitucionales de los ciudadanos, ni puede oponerse, impedir o dificultar que éstos los ejerciten, ya que, en dicho acto, el representante de la Iglesia a quien va dirigida una petición como la que motiva este escrito caería en conductas delictivas bien tipificadas en el Código Penal y que, sin duda alguna, quien suscribe instará a su persecución si no cesa el agravio y oprobio que la forzada pertenencia a la Iglesia Católica causa en quien firma este escrito de rechazo total y definitivo de la doctrina impartida por la Iglesia Católica y, también, de rechazo a la pertenencia, aunque sólo fuere por nota registral de inscripción, a la Iglesia Católica.

Aunque lo dicho sea más que suficiente para que se acceda a lo ya expresado y a lo que se solicitará más abajo, quien comparece acude al Código de Derecho Canónico y declara encontrarse plenamente en la situación descrita en el canon 751 del citado texto normativo cuando afirma que “Se llama herejía la negación pertinaz, después de haber recibido el Bautismo, de una verdad que ha de creerse con fe divina y católica, o la duda pertinaz sobre la misma; apostasía es el rechazo total de la fe cristiana; cisma, el rechazo de la sujeción al Sumo Pontífice o de la comunión con los miembros de la Iglesia a él sometidos”.

En virtud de todo lo manifestado, SOLICITO:

Que todos los datos relativos a la filiación personal y circunstancias de quien suscribe sean eliminados a todos los efectos de cualquier apunte registral, estadístico u otro, y muy particularmente lo sea del registro de bautizados que mantiene la Iglesia católica.

Que se formalice jurídica y documentalmente el reconocimiento e inscripción pública del acto de apostasía que en este acto se declara sin dejar lugar a dudas.

Que se den las instrucciones precisas, adecuadas e indubitadas para que se remita a quien firma este escrito un documento de acuse de recibo en el que se manifieste de forma clara e indubitada la concreción de la apostasía a la que en conciencia y en derecho puede y debe acceder quien comparece mediante este escrito, tal como manifiesta en este acto, y se certifiquen todos y cada uno de los cambios realizados en cuanto al estatus de quien comparece en el seno de la Iglesia católica y de sus registros documentales. El tal documento de acuse de recibo deberá contener, además de los datos recién citados, su fecha de emisión y la antefirma, rúbrica y sello de quien lo emita.

Deberá hacerse constar necesariamente y sin ambigüedad ninguna, que nadie, ya sea persona o institución perteneciente a la Iglesia católica, o a cualquier otra institución, particular o pública, usará en modo alguno ni para ninguna finalidad, lícita o ilícita, los datos y circunstancias personales –facilitados por la familia de quien suscribe, o por cualesquiera otros, civiles o eclesiásticos, a causa del acto del Bautismo o del de cualquier otro Sacramento o circunstancia- o cualesquiera otros que atañan a quien suscribe y que consten en registros de cualquier tipo pertenecientes a personas o instituciones de la Iglesia Católica.

Que se traslade copia fehaciente del presente documento y de lo que en derecho debe ser su consecuencia, al actual responsable de la parroquia en la que consten los datos del bautizo y otros de quien suscribo a fin de que anule la inscripción bautismal e inscriba, en la forma y lugar adecuados, junto a la anotación bautismal original, la preceptiva anotación que certifique la apostasía que en este acto se reclama y exige en virtud de los derechos civiles y constitucionales de quien suscribe.

En mérito de lo expuesto, se solicita el cumplimiento de todas y cada una de las demandas reseñadas, que están fundamentadas en la legislación vigente, por lo que se rubrica el presente documento en la ciudad de BARCELONA, en fecha de TREINTA DE SEPTIEMBRE del año 2005.

La respuesta llegó por carta en poco más de un mes:

Amb data d'avui, antenent a la vostra petició, hem procedit a registrar la seva baixa com a fidel de l'església catòlica