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China 2010

25.07.2010

En medio de un imponente jet lag me dispongo a intentar explicar, brevemente porque la cabeza no me da más, las cosas buenas y malas de ese país donde habita la mayor parte de los chinos. Y no hablo de Santa Coloma de Gramanet, que no es pais, aunque sí podria ser una nacion, sino de la China mandarina.

Si más preambulos, vamos para allá con lo bueno:

Con el numero uno, los parques. Los chinos, a diferencia de los españoles, utilizan los parques y los utilizan bien. Si te pasas por ellos a las ocho o las nueve de la mañana puedes ver a chinos haciendo principalmente Tai Chi. En cada parque, o en cada rivera del rio, se repiten los grupos de chinos que, ante una monitora -ignoro si profesional o voluntaria- reproducen sincronizadamente los que a la vista del observador occidental parece el mono borracho en el ojo del tigre y otros grandes hits. Por la noche también te puedes encontrar chinos disfrutando de un bañito en  los parques y rios.

Con el número dos, los ferrocarriles, o mas concretamente la red de ferrocarriles. Si Felipe Gonzalez hubiera gobernado China habria creado doscientos mil kilometros de vias en forma radial y con su centro en Pekín. Afortunadamente Mao y sus amigos apostaron por otro modelo como la única manera de unir por primera vez el país. En China puedes hacer en un mismo tren el recorrido equivalente a Portugalete-Mostoles. Sin olvidar el uso intensivo que también hacen del sistema de transporte más avanzado del mundo: la bicicleta. Aunque en los últimos años ésta ha perdido peso en beneficio del coche y en perjuicio de los peatones que tienen que santiguarse cada vez que cruzan una calle.

Con el numero tres, la hospitalidad. El noventa por ciento del turismo en china es... chino! Eso conlleva una ausencia de rotulacion en otra lengua que no sea el chino y una sensación de analfabetismo absoluto. Pero quizas por eso, por que les hacemos gracia y no se han llegado a cansar de nosotros, son increiblemente hospitalarios con nosotros los bárbaros occidentales. O simplemente por que son asi de majos, oye.

En aras de la brevedad me dejo en el tintero las gilipolleces como la sanidad, la educación, y todas esas cosas públicas que en nuestras respectivas dictaduras financieras empiezan a ser cosa de coleccionistas.

Y ahora vienen las tarjetas:

Como el que subscribe estas lineas cojea de lo que cojea, tenemos que dar la primera tarjeta roja al al abandono tácito -aunque no dialéctico- del marxismo-leninismo en pro de un capitalismo bastante extraño. Después de conseguir, mediante el primero, sacar al pueblo chino de un atraso de dos siglos respecto a los países que se industrializaron "a su tiempo", desde la muerte de Mao el país ha tomado una deriva esquizofrénica que podríamos excusar pensando que, viendo como acabaron otros vecinos, el PCCh decidió abrir una nueva via de transición al comunismo abrazando un capitalismo controlado que les permitiera convertirse en potencia mundial y de esa manera tener suficiente fuerza como para continuar la revolución sin que las potencias capitalistas pudieran impedirlo. Ojalá me equivoque, pero todo apunta a que tras la muerte de Mao tomaron el control aquellos elementos revisionistas contra los que tanto se había luchado -en mi humilde opinión pasándose tres pueblos-, y así nos va. La cosa ha llegado al punto que cuando la semana pasada los trabajadores de una fábrica de la Honda hicieron una huelga exigiendo un aumento salarial, el gobierno de la provincia les amenazó con no tocar las narices a riesgo de perder algunos "beneficios locales".

La segunda tarjeta roja para la falta de democracia. Tengo mis dudas sobre algunos flecos de la dictadura del proletariado, pero que tiene que ser democrática lo tengo más claro que el agua, y entiendase democrática como algo más a lo soviet que a lo que tenemos por estos lares. Acepto que se pongan unos límites al marco de la sociedad para evitar que ciertos elementos lleguen al poder y la cosa degenere en ciertas aberraciones. Pero no es tolerable que los ni los mismos miembros del partido sean partícipes de las decisiones que este toma. Un chaval explicaba que el había votado cuatro veces al candidato local que se le había señalado. Esta falta de democracia evita un dinamismo que hace que el partido se estanque convirtiéndose en una panda de chovinistas de pensamiento único y por lo tanto tarde o temprano equivocado. Es posible que sí existan los mecanismos para que los militantes, o incluso el resto de ciudadanos, participe. Pero si esto no ocurre el Partido debe tomar cartas en el asunto a riesgo de su propia autocondena.

La tercera tarjeta roja para la superpoblación. En realidad debería decir la saturación de la población en zonas urbanas, porque en densidad de población China está por debajo de Inglaterra o Alemania. De todas formas esta migración hacía las ciudades es algo de lo que también ha pecado occidente, pero no quita que genere desequilibrios en uno y en otro lado. La politica de natalidad, por cierto, no afecta a las minorías étnicas, sino exclusivamente a los Han, que representan aproximadamente el novena por cierto de la población. Decía Marx que el socialismo no puede sobrevivir ante la superpoblación y, añado yo, tampoco a la superconcentración.

Y la cuarta tarjeta roja para la censura. Hay que decir que la polémica de la censura con Google está algo adulterada por los medios. Recientemente Google se ha vuelto a bajar los pantalones, y antes de eso la polémica estaba en que Google redirigía www.google.cn (dominio Chino, con resultados de búsqueda censurados y sin acceso directo a alguno de sus servicios como Google Reader) a www.google.hk (Hong Kong), y el gobierno Chino no quería tal redirección. Sin embargo los Chinos podían ir directamente a la web de Hong Kong. Finalmente se ha acordado que Google pondrá en ww.google.cn un enlace directo a www.google.hk. Sin embargo sí que hay algunos servicios capados (como facebook y twitter), cosa bastante ridícula. Por otro lado desde hace años los kioskos están inundados de revistas tipo Cosmopolitan, que no harían mucho daño si siguieran censuradas.